En estos momentos, mi madre y mi hermana duermen placidamente en Praga. Mañana montaran en un autobús y llegaran a Brno, dispuestas a revisarlo todo y comprobar que todo esta en orden. En parte me alegro por su visita, en parte tengo miedo. Por supuesto es una exageración, pero es lo que todo el mundo teme por aquí, las visitas paternas.
Hoy he limpiado a fondo el cuarto, moviendo las camas y las mesas, y es increíble, a la par que espeluznante, la increíble cantidad de mierda que salía de todas partes. Ojo, que no es que no se haya limpiado desde que llegue, pero si que reconozco que no con tanta profundidad. Empiezo a comprender porque la suciedad y el polvo se generaban tan rápido, y es que había una increíble reserva oculta.
En cualquier caso, la mía familia ha conocido hoy a la población autóctona de estos parajes: los checos. Ya antes de partir había quien me rogaba,
¡Ay, David! No te eches una novia checa, que esta gente es muy fría. Lo consideraba un poco exagerado, pero en verdad no se quedaban cortos. Vaya, que es malo generalizar, pero bueno, hoy vengo dispuesto a contar varias anécdotas de las bellas gentes de este hermoso país.
Cuando pasamos el fin de semana en Praga decidimos hacerlo costreando todo lo posible, por aquello de ahorrar dinero; así pues, compramos en Tesco desayunos, comidas y cenas, complementado con kebabs y pizzas por ahí. Pero la primera noche, entre que llegamos tarde y de vez en cuando no viene mal una celebración, nos metimos en un buen restaurante. Bueno, "buen" y "restaurante" siempre es relativo, pero era un sitio acogedor, bien puesto, con una banda de fondo, y de comida abundante y barata. La camarera y el encargado eran muy agradables, y estuvieron atentos y dispuestos toda la noche. Al final de la cena, él se acerco con una botella de
whoknows y nos ofreció a todos unos chupitos para terminar, tomándose incluso uno con nosotros. A la hora de pagar, fuimos uno a uno liquidando nuestra cuenta, y no grata sorpresa fue para el último recibir la exigencia del pago de todos los chupitos a un precio bastante alto (¡el coste de dos cervezas!). Os podéis imaginar el resto: amagos de avisar a la policía, incomprensión, insultos, y sobre todo, y lo que más me jodio personalmente, el hacer oídos sordos y no tratar de escuchar. Le dijimos que se iba a pagar todo, que simplemente tratara de comprender nuestro error y nuestra posición, sobretodo para que la próxima vez que un grupo de españoles (o franceses, o italianos, o ingleses... porque luego contando la anécdota, todos coincidían con nosotros) pasara por allí no ocurriera lo mismo. En fin, una experiencia realmente desagradable, que fue completada en la estación de autobuses, cuando un señor, en perfecto inglés, nos increpo y grito hasta decir basta por querer colarnos en la fila, cuando simplemente estábamos en un lateral esperando a un amigo. Intentar explicárselo fue difícil, pues el problema era el mismo: no escuchaba nada.
Learn to listen, pleaseJoder, he releído lo escrito anteriormente, y que pedante soy hablando. Pero no pienso retocarlo, que es tarde, que le den.
Más, y lo cuento resumido que no quiero alargar la entrada. Malas caras por parte de los checos jóvenes cuando intentamos unirnos a deportes mayoritarios, como fútbol o baloncesto, donde fuimos prácticamente echados a patadas; hemos tenido que luchar duro por hacernos un hueco, pues ponían incluso como excusa decir que es que habíamos llegado media hora tarde, mentiras gordas. A un compañero, Raúl, único Erasmus en balonmano, le hicieron el vacío la vez que fue, tanto que creo que no ha vuelto a repetir. Hoy mismo, en un partido de fútbol 11, los pocos españoles que estábamos (cinco, 3 y 2 en cada equipo), no recibíamos muchos pases, y los checos consideraban que era mejor dar el balón a uno cubierto por tres personas que mandarlo a otro totalmente solo en banda.
Me fascina todo esto, pues Brno es una ciudad muy internacional, ya no solo de Erasmus, si no de free-movers, estudiantes internacionales, gente que viene simplemente a buscar un trabajo y a vivir aquí un tiempo, por la fama que tiene la ciudad. Pero la realidad es distinta, la gente no es muy acogedora por lo general, muy pocas personas intentan comprenderte cuando chapurreas un mal checo, y ya si intentas en ingles puedes olvidarte. Lo puedo entender con gente adulta, pero con los jóvenes... muy pocos hablan inglés, y es algo que para mi es alucinante. En España no tendremos un nivel muy alto en cuanto a inglés, o idiomas en general, se refiere, pero prácticamente todos seríamos capaces de intentar ayudar y comprender un mínimo a algún guiri.
En fin. Pero ahora quiero quitar el punto negativo y hablar en positivo, que es importante. A pesar de todo hay gente muy agradable, los del ISC trabajan mucho por ayudarnos a integrarnos, y hay checos bastante simpáticos, deseosos de conocer gente de fuera. Incluso al final acabas cayendo bien, y el otro día me encontré de fiesta en el Livingston al entrenador de fútbol sala, aquel que mintió descaradamente. ¡Y que alegremente me saludo! Estuvimos un buen rato charlando, y me animo a que fuéramos a jugar.
Y en un resumen de lo que he seguido haciendo, al estilo de las entradas anteriores… Olomouc. Spanish party, de la que os dejo foto, más en Facebook. Proyecto parado, tutor desaparecido. Clases de checo, aprendiendo el idioma por increíble que parezca. Presentación española en preparación, grandes ideas. Cocoak, cocoa, cocoak, grandes amigos, anécdotas tontas. Amsterdam, estás cerca. Visitas en ciernes. Moravian karst, maravilla natural, corazón desbocado. Madrid, va y viene, ¿demasiado presente? Jeden nealko pivo, prosim; una cerveza sin alcohol, por favor. I’m Erasmus student, Club del Picotazo, gran enemiga la cobra. ¡Cansancio! Descansar. Ver más películas en una semana que en un año. Urgencias, hospital de posguerra.
¡Ah, y casi se me olvida! Todo el rato hablaba de chec
os. ¡La gente dice por ahí que las checas son muy simpáticas! Y otro día os hablare del país.