Originalmente iba a llamar esta entrada Pensamientos desde Ámsterdam, y es que, para el que no lo sepa, desde hace bastante tiempo teníamos los amiguetes comprados unos billetes de avión para venir a ver la ciudad, por aquello de que salían bastante baratos. El viaje en si era un poco paliza, pues los billetes realmente eran desde Bratislava a Düsseldorf, con lo cual había que añadir un Brno - Bratislava y un Düsseldorf - Ámsterdam. Y los horarios eran malísimos, aviones que salían a las 8am a la ida y a las 6am a la vuelta.
En cualquier caso, al final le he cambiado el nombre, y más adelante se entenderá porque.
Así que la víspera del vuelo, miércoles, salimos por la noche de fiesta con macutos a la espalda, y cuando llego la hora cogimos un tren nocturno a Bratislava (Dios, como me encantan las estaciones de tren en la madrugada, tienen un toque tan aventurero y tan de libro). El viaje fue durillo, por eso de que el tren iba lleno y no podíamos repantigarnos bien, a lo que se sumo la falta de agua que nos hizo sufrir mucha sed, sobre todo a los más resacosos.
Bratislava, niebla, madrugada. Como zombies avanzábamos posiciones: aeropuerto, dormir, embarcar, dormir, aterrizar en Weeze, furgoneta a Nijmegen, dormir, tren a Ámsterdam, dormir, llegada a Central Station y búsqueda del hostal, comer algo y volver a dormir, una breve siesta esta vez.
Weeze es una población a 90km de Düsseldorf y cuarto aeropuerto de la ciudad, no oficial. Alguna comisión europea prohibió que se publicitaran esos vuelos con el nombre de la ciudad, por la distancia lejana, pero Ryanair lo sigue haciendo, y aunque especifique el nombre del pueblo entre paréntesis, jóvenes incautos como nosotros colamos fácilmente. Aunque igualmente hubiéramos comprado los billetes yo creo.
En cualquier caso habíamos llegado. Éramos pocos, porque la gran mayoría del grupo partió hacia Düsseldorf, pero a mi no me atraía mucho y desde el principio había decidido ir a Ámsterdam directo, al igual que otros pocos. En esa primera tarde dimos un paseo tranquilo por la ciudad, y un poco de fiesta por la noche. Uno de los chicos que venia en la expedición, Antonio, tenía un par de amigas en la ciudad, y amablemente nos hicieron de anfitrionas, llevándonos por la noche a la discoteca de moda, que, también amablemente, nos sablo 10 euros. Comenzaba el choque monetario para los Erasmus de Brno.
Nos dio para mucho: comprar quesos típicos de la región, después de una cata gratuita de todos los que quisimos probar, tomar posesión de un fuerte, hacer una pequeña marcha de 5km, rodeando la costa, para llegar de un pueblo a otro, hacer un estudio sociológico a una bandada de patos, declarar nuestra felicidad y el amor que sentimos los unos a los otros en mitad de un puente,
Tocaba volver, y esa tarde nos juntamos ya con el resto de nuestros compañeros, dedicando el resto del día a pasear tranquilamente por la ciudad, hacer una primera toma de contacto con las coffee shops y pasear por el barrio rojo. Ámsterdam es una ciudad que despierta los sentidos y agudiza al máximo la sensualidad, con todas sus luces, sus gentes de todas partes del mundo, el barrio rojo, los puestos de comida rápida, el inglés por doquier, las bicicletas. Nunca he estado en lugares como Nueva York o Las Vegas, pero creo que esta ciudad, a su manera, no tiene mucho que envidiarlas. Es como una mujer de piel morena, cabellos oscuros y ojos negros, insondables, que te susurra palabras en un idioma que no comprendes, pero que sugiere. Conocida por todos, pero a la vez misteriosa, jamás podrías enamorarte de ella, pero jamás podrías dejar de pensar en ella con anhelo. Quizás algo fría por fuera, pero con una llama de pasión por dentro que es puro fuego.
Cualquiera que lea esto podría irse a lo fácil y pensar que mis palabras describen el barrio rojo, o que vienen provocadas por este, pero nada más lejos de la realidad. Estas sensaciones ya las experimentaba antes de entrar en contacto por primera vez con las damas de la noche. Y es que esto es algo que en esta ciudad es inevitable. Regresando la primera noche de la discoteca, solo, decidí volver sin usar el mapa, por aquello de perderme un poco y conocer, aunque siempre sabiendo en que dirección iban mis pasos. De esta manera me desvíe un poco más de la cuenta hacia el este, y desde el lugar en que volví a mirar el mapa hasta mi hostal se encuentra el famoso barrio rojo. Sin saberlo, comencé a atravesarlo, y fue realmente un impacto girar una esquina y encontrarme de golpe y sopetón los escaparates.
Yo no sabía que funcionaba así: a pie de calle, en pequeños cuartos iluminados por luces rojas y con grandes cristaleras, las señoritas se exhiben, intentando atraer a la gente. Confieso que mi paso comenzó a ser más lento, aunque nunca me pare del todo, principalmente por vergüenza. Miraras donde miraras, allí estaban. Esta ciudad tiene debate para largo, y como dijo alguien por ahí, no se si esto me parece muy muy bien o muy muy mal.Amanecía el tercer día de viaje, sábado. Habíamos salido todos el día anterior de fiesta, pero hice un esfuerzo y me levante pronto para patear la ciudad. Nadie secundo mi madrugon, así que vague solitario por las calles. Me salí de lo turístico, y me adentre por aquellos barrios, sin querer saber muy bien hacia donde iba. De esta manera pase gran parte de la mañana, y realmente no vi muchas de las obligaciones turísticas como son los grandes monumentos y similares, pero disfrute bastante de los pequeños rincones que tiene esta ciudad. Más tarde me uní de nuevo a mis compañeros, y con ellos hice otro recorrido, visitando puntos claves de la ciudad.
Pero la historia no acaba aquí...